Raúl Romero*: Un abrazo que perdure
En 2006, Felipe Calderón se encargó de expandir por todo México una guerra que venía avanzando por distintos puntos del país. La guerra, que se impulsó desde Estados Unidos con la narrativa de “combatir a las drogas”, ha sido en realidad una guerra por los territorios, contra los pueblos y la naturaleza, una guerra de recolonización mediante economías legales y criminales, megaproyectos, extractivismos y también a través de corporaciones criminales. La guerra, que ya se manifestaba con brutalidad en Chihuahua, en Jalisco y en Sinaloa, por mencionar algunas geografías, se fue extendiendo por todo México.
En 2006, Felipe Calderón se encargó de expandir por todo México una guerra que venía avanzando por distintos puntos del país. La guerra, que se impulsó desde Estados Unidos con la narrativa de “combatir a las drogas”, ha sido en realidad una guerra por los territorios, contra los pueblos y la naturaleza, una guerra de recolonización mediante economías legales y criminales, megaproyectos, extractivismos y también a través de corporaciones criminales. La guerra, que ya se manifestaba con brutalidad en Chihuahua, en Jalisco y en Sinaloa, por mencionar algunas geografías, se fue extendiendo por todo México.