Jorge Carrillo Olea: Miguel de la Madrid
En tiempos de tanto olvido y reiterados yerros y yerros, tal vez sea refrescante recordar cosas homólogas que a la par se dieron en diferentes tiempos. Hemos adoptado el vituperio como deporte de los pequeños, nadie se salva. Unos lo practican por creerlo justa revancha; otros se suman con cualquiera que ofreciera un escalón en su carrera, hueso, cualquiera que sea; otros simplemente porque no entienden nada, pero los más por ser sicópatas sociales.
En tiempos de tanto olvido y reiterados yerros y yerros, tal vez sea refrescante recordar cosas homólogas que a la par se dieron en diferentes tiempos. Hemos adoptado el vituperio como deporte de los pequeños, nadie se salva. Unos lo practican por creerlo justa revancha; otros se suman con cualquiera que ofreciera un escalón en su carrera, hueso, cualquiera que sea; otros simplemente porque no entienden nada, pero los más por ser sicópatas sociales.