Fernando Jiménez Mier y Terán*: Apabullante burocracia en la UNAM
Una vez entregada para publicarse mi anterior columna (28/9/26), había dado por concluido el asunto de los exámenes de control, las trampas acusadas y mi observación sobre la importancia desmedida que suele darse al papeleo en detrimento de lo educativo, y todo ello vinculado con el estanquillo de los llamados servicios escolares de la UNAM. Pero sucedieron dos cosas que cambiaron mi parecer. Al día siguiente, la profesora Amparo Ruiz del Castillo, apreciada amiga y colega, a quien dedico este artículo, escribió unas palabras que agradezco: “Por cierto, cabalmente aplicable al personal docente y demás personas que trabajan en esa mole cada vez más anquilosada”. En efecto, nadie se salva de lo que ahí sucede, y eso también lo debe considerar el lector. Además, pocos días antes, quedé asombrado por una nota de La Jornada (22/9/26), gracias a la que me enteré de que la rectoría, ni tarda ni perezosa, el 21 de septiembre en la Gaceta UNAM, al margen del estudiantado y el profesorado, emitió un acuerdo para transformar, entre las instancias de la secretaría general de la universidad, la Dirección General de la Administración Escolar, convertida ahora en Coordinación de Administración y Servicios Escolares.
Una vez entregada para publicarse mi anterior columna (28/9/26), había dado por concluido el asunto de los exámenes de control, las trampas acusadas y mi observación sobre la importancia desmedida que suele darse al papeleo en detrimento de lo educativo, y todo ello vinculado con el estanquillo de los llamados servicios escolares de la UNAM. Pero sucedieron dos cosas que cambiaron mi parecer. Al día siguiente, la profesora Amparo Ruiz del Castillo, apreciada amiga y colega, a quien dedico este artículo, escribió unas palabras que agradezco: “Por cierto, cabalmente aplicable al personal docente y demás personas que trabajan en esa mole cada vez más anquilosada”. En efecto, nadie se salva de lo que ahí sucede, y eso también lo debe considerar el lector. Además, pocos días antes, quedé asombrado por una nota de La Jornada (22/9/26), gracias a la que me enteré de que la rectoría, ni tarda ni perezosa, el 21 de septiembre en la Gaceta UNAM, al margen del estudiantado y el profesorado, emitió un acuerdo para transformar, entre las instancias de la secretaría general de la universidad, la Dirección General de la Administración Escolar, convertida ahora en Coordinación de Administración y Servicios Escolares.