Ana María Aragonés: Movimientos sociales del Norte Global, su importancia
La crisis de 2008-2009, lejos de resolver las profundas contradicciones que la desencadenaron, se han profundizado. Las políticas impulsadas por las élites del capitalismo neoliberal favorecieron una obscena concentración de la riqueza, el deterioro de las condiciones laborales y el debilitamiento de los sistemas de protección social. Los movimientos sociales que hoy observamos en Francia, Bélgica, Italia, Alemania, España y otros países europeos, y que están adquiriendo proporciones cada vez mayores, muestran el creciente rechazo de amplios sectores de la población a un modelo económico y político que sacrifica sus condiciones de vida para preservar los privilegios del gran capital. Por otro lado, cada vez hay una mayor claridad de que las guerras iniciadas por Estados Unidos e Israel, con el apoyo de los gobiernos de la Unión Europea, son ilegítimas y, por lo tanto, consideran inaceptables los sacrificios económicos impuestos a los pueblos. El genocidio contra el pueblo palestino, así como la complicidad estadunidense con el gobierno de Benjamín Netanyahu, han generado un profundo rechazo. Los gobiernos occidentales no pueden justificar su discurso sobre la defensa de los derechos humanos mientras respaldan acciones que los vulneran gravemente.
La crisis de 2008-2009, lejos de resolver las profundas contradicciones que la desencadenaron, se han profundizado. Las políticas impulsadas por las élites del capitalismo neoliberal favorecieron una obscena concentración de la riqueza, el deterioro de las condiciones laborales y el debilitamiento de los sistemas de protección social. Los movimientos sociales que hoy observamos en Francia, Bélgica, Italia, Alemania, España y otros países europeos, y que están adquiriendo proporciones cada vez mayores, muestran el creciente rechazo de amplios sectores de la población a un modelo económico y político que sacrifica sus condiciones de vida para preservar los privilegios del gran capital. Por otro lado, cada vez hay una mayor claridad de que las guerras iniciadas por Estados Unidos e Israel, con el apoyo de los gobiernos de la Unión Europea, son ilegítimas y, por lo tanto, consideran inaceptables los sacrificios económicos impuestos a los pueblos. El genocidio contra el pueblo palestino, así como la complicidad estadunidense con el gobierno de Benjamín Netanyahu, han generado un profundo rechazo. Los gobiernos occidentales no pueden justificar su discurso sobre la defensa de los derechos humanos mientras respaldan acciones que los vulneran gravemente.