Elena Poniatowska: Un abrazo para Cuauhtémoc
En algunas ocasiones tuve el privilegio de comer o merendar con Celeste Batel y Cuauhtémoc Cárdenas en casa de Celia Chávez de García Terres. Tanto a él como a Celeste, siempre los sentí sonrientes. En torno a ellos, se creaba una atmósfera de gusto y de respeto. Celeste era quien más hablaba y Cuauhtémoc la escuchaba sonriendo. Celia traía a su mesa todos los uchepos de Morelia, las delicias michoacanas y la sabiduría del corazón heredada de su padre, el doctor Ignacio Chávez, fundador de la cardiología en México.
En algunas ocasiones tuve el privilegio de comer o merendar con Celeste Batel y Cuauhtémoc Cárdenas en casa de Celia Chávez de García Terres. Tanto a él como a Celeste, siempre los sentí sonrientes. En torno a ellos, se creaba una atmósfera de gusto y de respeto. Celeste era quien más hablaba y Cuauhtémoc la escuchaba sonriendo. Celia traía a su mesa todos los uchepos de Morelia, las delicias michoacanas y la sabiduría del corazón heredada de su padre, el doctor Ignacio Chávez, fundador de la cardiología en México.