Ortiz Tejeda: Nosotros ya no somos los mismos
Conocí primero al padre que al hijo. En esas lejanas épocas, Lázaro (don Lázaro) era conocido como el mejor y más patriota presidente desde la Revolución. Todos sabían del reparto de la tierra, de la mexicanización del petróleo y del comportamiento con la migración española. Por eso había una emoción generalizada, no sólo entre la comunidad estudiantil, sino entre todos los mexicanos de a pie. Sobrio, nada parlanchín. Pero claro y rotundo cuando era necesario. En sus continuas giras por el país, después de escuchar por horas al pie de un árbol a una y otra comisión de indígenas o miserables campesinos, un acompañante le dijo: “ya vámonos, presidente, todos le dicen las mismas cosas”. “¿Y qué esperabas? –contestó– si sus carencias también son las mismas. Lo menos que podemos hacer es compartir y hacerles sentir que no están solos”.
Conocí primero al padre que al hijo. En esas lejanas épocas, Lázaro (don Lázaro) era conocido como el mejor y más patriota presidente desde la Revolución. Todos sabían del reparto de la tierra, de la mexicanización del petróleo y del comportamiento con la migración española. Por eso había una emoción generalizada, no sólo entre la comunidad estudiantil, sino entre todos los mexicanos de a pie. Sobrio, nada parlanchín. Pero claro y rotundo cuando era necesario. En sus continuas giras por el país, después de escuchar por horas al pie de un árbol a una y otra comisión de indígenas o miserables campesinos, un acompañante le dijo: “ya vámonos, presidente, todos le dicen las mismas cosas”. “¿Y qué esperabas? –contestó– si sus carencias también son las mismas. Lo menos que podemos hacer es compartir y hacerles sentir que no están solos”.