Hernán González G.: Aprender a morir
Comprobado por enésima vez, que la verdadera diferencia entre los seres humanos no es de sexos, sino de sesos, de discernimiento suficiente, de inteligencia bastante para diferenciar y conectar cabeza, corazón y entrepierna; es más o menos explicable que luego de conversatorios con senadores, diputados y especialistas, foros abiertos, diálogos con los sistemas de salud, debates varios, mesas de trabajo, reuniones adicionales, deliberación de comisiones, notarios notorios, objetores de conciencia y más bla bla blas al uso, la Ley Trasciende para legalizar la eutanasia y el suicidio asistido en México continúe a la espera de tiempos mejores que no confundan solemnidad con seriedad ni tortuguismo con humanismo. Mientras tanto, que enfermos terminales y desahuciados, junto con sus familias, se esperen, que esto de hacer y modificar leyes sobre la muerte digna es muy delicado y demanda mucha prudencia.
Comprobado por enésima vez, que la verdadera diferencia entre los seres humanos no es de sexos, sino de sesos, de discernimiento suficiente, de inteligencia bastante para diferenciar y conectar cabeza, corazón y entrepierna; es más o menos explicable que luego de conversatorios con senadores, diputados y especialistas, foros abiertos, diálogos con los sistemas de salud, debates varios, mesas de trabajo, reuniones adicionales, deliberación de comisiones, notarios notorios, objetores de conciencia y más bla bla blas al uso, la Ley Trasciende para legalizar la eutanasia y el suicidio asistido en México continúe a la espera de tiempos mejores que no confundan solemnidad con seriedad ni tortuguismo con humanismo. Mientras tanto, que enfermos terminales y desahuciados, junto con sus familias, se esperen, que esto de hacer y modificar leyes sobre la muerte digna es muy delicado y demanda mucha prudencia.