Luis Linares Zapata: Trump: ¿peso muerto?
Aun en el tiempo de sus horas altas, D. Trump no llegó a ser considerado un presidente de prestigio, ni tampoco eficaz, al frente del gobierno estadunidense. Menos aún como el líder internacional, envidiable entre los muchos del mundo. Aunque, ciertamente, prevaleció un fundado temor a sus exigencias y amenazas arancelarias. Tan pronto como se introdujo en la Casa Blanca empezaron a fluir, con desorden notable, sus aires de gran mandatario que nunca ha sido. Él se ve a la altura de héroes consagrados, G. Washington o F. Roosevelt como ejemplos. Lo que sí apareció fue el inestable disruptor del orden establecido. No para modificarlo, en bien de la comunidad mundial y de su mismo país, sino para ser visto, y sobre todo apreciado, como un personaje descentrado, caprichoso y gandalla. Andando los días de su gestión aparecieron, en sucesión inevitable, una densa colección de sus defectos como persona y político. La imagen pública, encuestada, lo muestra en pronunciado descenso en su aceptación ciudadana. A tal punto, que apenas logra conservar puntuaciones cercanas a 30 por ciento. Los juicios que recibe entre sus conciudadanos no son los que su mismo aprecio personal pudiera desear. La coalición –MAGA– que lo llevó a la presidencia, padece tensiones internas debido a sus inestables decisiones, deshonestidades y afrentas. La aureola que creyó continua y duradera, como resultado de la reciente captura del venezolano Nicolás Maduro, se esfumó tan pronto como llegó prisionero. La veloz extracción, sin baja alguna de sus enviados, la presumió y, todavía la usa, para amenazar a otras naciones, Cuba, como insignia de su gran poder.