Fernando Buen Abad Domínguez*: Unidad transformadora o voracidad trepadora
Es de conocimiento general que la historia de numerosas derrotas políticas en las izquierdas está impregnada de una paradoja dolorosa: las fuerzas que han logrado resistir décadas de persecución, sacrificios, clandestinidad, cárcel, exilio y privaciones pueden concluir destruyendo desde el interior aquello que el adversario no logró vencer desde el exterior. No siempre es la preponderancia económica de la burguesía, ni la violencia ejercida por el Estado, ni la efectividad de los instrumentos ideológicos del capitalismo lo que precipita una derrota; en ocasiones, el desastre se inicia cuando una organización deja de ser reconocida como un instrumento colectivo de emancipación y se transforma en un escenario de disputa entre pequeñas tribus políticas que confunden sus intereses particulares con el destino histórico de la clase obrera.
Es de conocimiento general que la historia de numerosas derrotas políticas en las izquierdas está impregnada de una paradoja dolorosa: las fuerzas que han logrado resistir décadas de persecución, sacrificios, clandestinidad, cárcel, exilio y privaciones pueden concluir destruyendo desde el interior aquello que el adversario no logró vencer desde el exterior. No siempre es la preponderancia económica de la burguesía, ni la violencia ejercida por el Estado, ni la efectividad de los instrumentos ideológicos del capitalismo lo que precipita una derrota; en ocasiones, el desastre se inicia cuando una organización deja de ser reconocida como un instrumento colectivo de emancipación y se transforma en un escenario de disputa entre pequeñas tribus políticas que confunden sus intereses particulares con el destino histórico de la clase obrera.