Irán prevalece y cambia el equilibrio en Oriente Medio
La pausa de Trump en la guerra contra Irán revela la resiliencia de Teherán, la vulnerabilidad del Golfo y un nuevo equilibrio de poder regional.
Cinco lecciones de una guerra que Irán no perdió. El presidente estadounidense Donald Trump finalmente encontró una salida a la situación que creó al embarcarse en una guerra imprudente contra Irán. La amenaza de destruir toda una civilización le proporcionó el pretexto para retroceder. Las negociaciones indirectas entre Teherán y Washington, realizadas a través de intermediarios como Pakistán y China, han producido un alto el fuego. Trump puede afirmar que Irán se intimidó ante sus amenazas, pero la realidad es diferente. Un alto el fuego en condiciones donde el Estrecho de Ormuz permanece bajo control iraní sugiere que Teherán no ha cedido. Washington, en efecto, sí lo ha hecho.
Irán se ha mantenido firme. Durante décadas, Irán enfrentó la amenaza de una agresión conjunta de Estados Unidos e Israel. Esa amenaza ahora ha sido probada y no logró quebrar a Teherán. Ni Washington ni Tel Aviv demostraron ser capaces de imponer su voluntad por la fuerza. El resultado es claro: Irán ha consolidado su estatus como una potencia regional importante, situándose junto a Israel como uno de los actores decisivos en Oriente Medio.
Los estados del Golfo han quedado expuestos. Las monarquías árabes del Golfo Pérsico han descubierto tanto su vulnerabilidad como su dependencia. En un conflicto entre Estados Unidos/Israel e Irán, demostraron ser incapaces de defender sus propios intereses. Mientras tanto, las bases estadounidenses en su territorio, lejos de garantizar seguridad, se convirtieron en imanes para la represalia iraní. Conclusión: las garantías de seguridad estadounidenses han demostrado ser poco fiables. Esta lección no pasará desapercibida para los aliados de Washington.
El poder militar ha reafirmado su primacía. El conflicto ha subrayado una verdad más amplia sobre el orden internacional emergente: la fuerza militar supera el apalancamiento económico y financiero. Irán, sancionado y cargado por dificultades económicas, ha resistido efectivamente y, en términos estratégicos, derrotado a una superpotencia global. Mientras tanto, sus vecinos del sur, mucho más ricos, se han reducido a poco más que espectadores o, peor aún, objetivos. Conclusión: en el mundo actual, el poder duro determina los resultados.