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Irán emerge como ganador real tras conflicto con EE.UU.

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Irán emerge como ganador real tras conflicto con EE.UU.

El alto el fuego entre EE.UU. e Irán revela límites del poder estadounidense. Irán resistió la presión, mantuvo su dignidad y cambió la lógica del conflicto, emergiendo como ganador percibido.

Lo que surgió de la guerra no fue la paz, ni siquiera un acuerdo creíble, sino simplemente una pausa moldeada por los límites expuestos del poder estadounidense. En Washington, el alto el fuego de dos semanas con Irán se ha presentado apresuradamente como el comienzo de la desescalada y como prueba de que la presión había creado nuevamente las condiciones para la diplomacia. Sin embargo, una vez que se elimina el empaquetamiento político y los eventos se ven en su verdadera dimensión estratégica, la imagen luce muy diferente.

Lo que realmente ocurrió es una interrupción forzada, alcanzada bajo presión y rodeada de interpretaciones incompatibles en Washington y Teherán. La naturaleza temporal de esta pausa, su carácter mediado y la sorprendente divergencia en cómo se entiende su significado indican que este no es el fin de una guerra, sino un respiro dentro de un conflicto inconcluso cuyas contradicciones políticas centrales permanecen sin resolver.

Más importante aún, a los ojos de muchos observadores externos y gran parte de la opinión pública mundial, Irán ahora aparece como el claro ganador de la batalla actual. Absorbió el golpe, respondió con fuerza y dignidad, se negó a capitular y, lo más importante, gradualmente cambió el control sobre la lógica misma de una guerra impuesta sobre él. Estados Unidos e Israel esperaban definir las reglas del conflicto y luego presentar cualquier retirada forzada de Irán como prueba de su propia victoria. Lo que sucedió en la práctica fue lo contrario.

Irán no solo rechazó los términos impuestos externamente, sino que también elevó el costo de la guerra hasta el punto en que la campaña militar estadounidense se convirtió en una responsabilidad política para Estados Unidos mismo. Por eso este momento es percibido cada vez más como una señal de que, incluso bajo condiciones de superioridad tecnológica y militar abrumadora, Estados Unidos ya no puede convertir automáticamente una campaña de ataques en la sumisión de su oponente.

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