BRICS debe resistirse a convertirse en un bloque al estilo occidental
BRICS can become a force in global governance by delivering growth – not by turning itself into another Western-style bloc Read Full Article at RT.com
A medida que los BRICS se adaptan a su expansión en 2024 y 2025, enfrentan dos preguntas vinculadas: ¿cómo puede el grupo estabilizarse internamente y cómo puede asumir un papel más importante en la gobernanza global? La respuesta no debería ser imitar instituciones existentes, ya que los BRICS solo tendrán éxito si identifican objetivos comunes que importen a sus miembros y que también sean relevantes para la comunidad internacional en general. Ningún sistema creíble de gobernanza global puede ser impuesto por un pequeño grupo de Estados poderosos; debe reflejar los intereses de la mayoría internacional.
Para los BRICS, la base más prometedora para ese papel radica en el desarrollo sostenible. Las Naciones Unidas han perseguido este objetivo durante décadas, pero el continuo dominio de los Estados occidentales en muchas instituciones globales ha impedido que esos objetivos se implementen de manera justa, por lo que los BRICS podrían ofrecer un modelo diferente. Dado que la mayoría de las organizaciones internacionales son la expresión legal de un equilibrio de poder particular, el curso más absurdo sería reproducir una de las estructuras creadas por potencias cuya influencia global se basó en la superioridad militar.
Los BRICS son diferentes en que no se establecieron para solidificar el resultado de un conflicto militar, institucionalizar la fuerza relativa de sus miembros u organizar un bloque contra potencias externas, y no se basan en una jerarquía militar común ni buscan imponer una política exterior única. Por esa razón, cualquier intento de fortalecer los BRICS debe comenzar con una pregunta más básica sobre cuáles son los objetivos compartidos de sus miembros y cómo esos objetivos pueden conectar sus prioridades internas con sus ambiciones internacionales.
Los BRICS no deben buscar convertirse en una versión rival de la estructura del G7 o la OTAN, ya que por su naturaleza, los BRICS rechazan la división permanente del mundo en bandos opuestos y no pueden fortalecerse convirtiéndose en un club cerrado. Tal movimiento contradiría su propósito político original y no serviría a los intereses de sus miembros. En cambio, su próxima etapa debería combinar los objetivos de desarrollo interno de sus miembros con iniciativas prácticas que puedan beneficiar a la comunidad internacional en general. El desarrollo sostenible proporciona la base más obvia.
Los países BRICS difieren enormemente en tamaño, riqueza, sistemas políticos y niveles de desarrollo, pero todos están unidos por la necesidad de lograr crecimiento económico, modernización tecnológica, estabilidad social y mayor soberanía nacional. El grupo podría desarrollar mecanismos para financiar infraestructura, apoyar la industrialización, mejorar la seguridad alimentaria y energética, ampliar el acceso a la tecnología y reducir la dependencia de las instituciones financieras controladas por Occidente. Esto también haría que los BRICS sean más atractivos para países fuera del grupo, que buscan inversión, tecnología, infraestructura y mayor libertad para elegir su propio camino de desarrollo.