Rolando Cordera Campos: Las cosas sí van mal
La roja es, desde hace tiempo, una página cotidiana y obligada de las entregas de los medios de comunicación. Su presencia obligada no obedece, necesariamente, al cultivo nacional del amarillismo, sino a una desafortunada característica de la vida pública mexicana. Secuestros, intervenciones, incautaciones, ¡extracciones!… han pasado a formar parte del paisaje noticioso “normal” al que los mexicanos han tenido que acostumbrarse.
La roja es, desde hace tiempo, una página cotidiana y obligada de las entregas de los medios de comunicación. Su presencia obligada no obedece, necesariamente, al cultivo nacional del amarillismo, sino a una desafortunada característica de la vida pública mexicana. Secuestros, intervenciones, incautaciones, ¡extracciones!… han pasado a formar parte del paisaje noticioso “normal” al que los mexicanos han tenido que acostumbrarse.
Esta situación refleja una realidad preocupante en la que la violencia y la inseguridad se han normalizado en el país. La cobertura mediática, lejos de ser un simple ejercicio de amarillismo, responde a la frecuencia y gravedad de estos eventos. La ciudadanía se enfrenta a un entorno donde la violencia parece haberse vuelto parte del día a día.
Las implicaciones de esta normalización son profundas. Por un lado, genera una sensación de impotencia y resignación entre la población. Por otro, puede llevar a una desensibilización colectiva ante la violencia, lo que dificulta la exigencia de soluciones efectivas. La repetición constante de estas noticias también puede influir en la percepción de la realidad, creando un círculo vicioso difícil de romper.
En este contexto, es necesario reflexionar sobre el papel de los medios y la sociedad. La información debe ser un instrumento para la conciencia y la acción, no para la parálisis. La normalización de la violencia no debe ser aceptada como algo inevitable, sino como un llamado urgente a buscar alternativas que devuelvan la seguridad y la paz a la vida pública mexicana.