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Los piojosos que hicieron escuela: el legado del Cocopo en Durango

La Jornada por Lev M. Velázquez Barriga*

Con la crisis de la segunda mitad de los años 90 en México, las secuelas del neoliberalismo mostraron su rostro más inhumano, la pobreza social se agudizó y algunas medianas empresas lo perdieron prácticamente todo en deudas bancarias. En la ciudad de Durango de Victoria flotaba una masa de familias obreras y agrícolas, sin techo propio, sobrepoblando predios en renta que hacían más difícil aún sobrellevar las carencias económicas en los hogares; en esas condiciones surgió el Consejo Coordinador Obrero Popular (Cocopo).

Con la crisis de la segunda mitad de los años 90 en México, las secuelas del neoliberalismo mostraron su rostro más inhumano. La pobreza social se agudizó y algunas medianas empresas lo perdieron prácticamente todo en deudas bancarias. En la ciudad de Durango de Victoria flotaba una masa de familias obreras y agrícolas, sin techo propio, sobrepoblando predios en renta que hacían más difícil aún sobrellevar las carencias económicas en los hogares. En esas condiciones surgió el Consejo Coordinador Obrero Popular (Cocopo).

El Cocopo se conformó como una organización de base que buscaba dar respuesta a las necesidades inmediatas de vivienda y trabajo de las familias desplazadas. Su nombre, acuñado en un contexto de lucha popular, reflejaba la coordinación entre distintos sectores obreros y campesinos. La agrupación logró articular a cientos de personas que, ante la falta de políticas públicas efectivas, recurrieron a la autogestión y la movilización social.

A pesar de las dificultades, el Cocopo se convirtió en un referente de resistencia en la región. Sus integrantes, a quienes despectivamente llamaban "los piojosos", lograron construir espacios de vivienda y organización comunitaria. Sin embargo, el camino no fue fácil: enfrentaron la represión estatal y el estigma social, pero su legado perdura como ejemplo de lucha contra la exclusión.

Hoy, a más de dos décadas de su surgimiento, el Cocopo es recordado como una escuela de organización popular. Aunque la crisis de los 90 quedó atrás, las desigualdades estructurales persisten, y la experiencia de este colectivo sigue siendo inspiración para nuevas generaciones que buscan alternativas frente a la precariedad.

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