Fernando Buen Abad Domínguez: El “estiércol del diablo” y el affaire Epstein
Hacer que se pudra la moral de los pueblos no es un “daño colateral”, es una estrategia central. Un pueblo moralmente descompuesto es más gobernable, más manipulable, menos exigente. Cuando la dignidad deja de ser una expectativa razonable, cualquier migaja parece un favor. La indignación selectiva remplaza a la ética estructural, y el morbo sustituye al análisis. La guerra cognitiva no busca producir sujetos malvados, sino sujetos desmoralizados, incapaces de imaginar una vida común que no esté atravesada por la humillación y el abuso.
En un análisis sobre el affaire Epstein, Fernando Buen Abad Domínguez argumenta que la descomposición moral de los pueblos no es un daño colateral, sino una estrategia central para facilitar su gobierno y manipulación. Según su perspectiva, cuando la dignidad deja de ser una expectativa razonable, la indignación selectiva y el morbo reemplazan a la ética estructural, y la guerra cognitiva busca producir sujetos desmoralizados en lugar de malvados, incapaces de imaginar una vida común sin humillación y abuso.