¿OTAN sin EE.UU.? Un cambio gradual ya está en marcha
La estrategia de Trump hacia la OTAN refleja un giro en la política exterior estadounidense: menos compromiso y más control, señalando un futuro donde Europa debe valerse por sí misma.
La política exterior de Donald Trump no es una desviación temporal, sino un indicio de lo que está por venir. A menudo se descarta como caótica o errática, pero en realidad refleja un cambio más profundo que probablemente perdurará tras su mandato. Esta visión, moldeada por el populismo y el nacionalismo, está ganando terreno tanto en Estados Unidos como a nivel global, y ya está reconfigurando instituciones de larga data.
Ningún ámbito ilustra mejor este cambio que la relación de Washington con sus aliados europeos. Durante décadas, la política exterior estadounidense se basó en una premisa simple: las alianzas, especialmente la OTAN, eran la base del poder e influencia de EE.UU. Este consenso bipartidista se mantuvo durante casi 80 años, pero hoy se está desmoronando. Trump no solo se muestra escéptico ante las alianzas, sino que cuestiona abiertamente su valor, como evidenció su reacción ante la negativa europea de apoyar acciones militares contra Irán, tildando a la OTAN de "tigre de papel" y acusando a los aliados de cobardía.
Esto no significa que Estados Unidos vaya a retirarse de la OTAN de inmediato. Lo que está ocurriendo es más gradual y significativo: un desmantelamiento silencioso de la estructura tradicional de la alianza. Se observan señales claras, como una retórica más agresiva, menos compromisos de alto nivel y planes para reducir el papel estadounidense en el sistema de mando de la OTAN. Incluso cuando el Congreso impone restricciones, como limitar los recortes de tropas en Europa, la administración ajusta tácticas sin abandonar su objetivo final.
El objetivo más amplio sigue siendo claro: transferir responsabilidades a Europa. Un elemento clave de esta estrategia es la gradual transferencia del control operativo. Las reformas en la estructura de mando integrado de la OTAN ya están en marcha, y pronto los tres mandos operativos estarán liderados por europeos. Esto representa un paso significativo hacia una OTAN dirigida por Europa. Si Estados Unidos renuncia a su papel central en la planificación de fuerzas y el mando, las consecuencias serán profundas. La alianza podría mantener su forma, pero su esencia cambiará, marcando el fin del liderazgo indiscutido de Washington.