Fernando Buen Abad Domínguez*: ¿Seguiremos creyendo en lo que vemos?
¿Ver para creer? Durante siglos, la imagen fue una forma privilegiada de testimonio. Ver significaba, en gran medida, creer. La fotografía llegó a la cultura moderna con la promesa de una huella: algo había ocurrido frente al lente y esa evidencia quedaba fijada en una superficie. La imagen no era la realidad, pero mantenía con ella una relación de proximidad que le otorgaba autoridad. Hoy esa relación se encuentra bajo una tensión inédita: las máquinas pueden producir rostros que nunca existieron, escenas que jamás ocurrieron y voces capaces de imitar con precisión la presencia humana. La inteligencia artificial no ha destruido la imagen; ha modificado el contrato de confianza que manteníamos con ella.