Alemania cambia su política energética verde
El canciller alemán Friedrich Merz advierte que abandonar el petróleo y gas "desindustrializaría" el país, marcando un giro en la política energética alemana.
El canciller alemán Friedrich Merz ha declarado que un abandono total de los combustibles fósiles "desindustrializaría" Alemania, rompiendo con la postura anterior del país que impulsaba firmemente la transición hacia energías verdes. Este cambio se produce mientras Alemania sigue lidiando con las consecuencias económicas de la reducción de importaciones energéticas y el aumento de costes, agravados por el conflicto en Irán y las interrupciones en el Estrecho de Ormuz.
Durante un discurso en el Bundestag, Merz advirtió que abandonar el petróleo y el gas pondría en peligro industrias clave, especialmente la química, afirmando que "grandes partes de nuestra industria... ya no serían viables". Añadió que "el petróleo y el gas son materias primas importantes para nuestra industria" y abogó por mantener la capacidad de "importar y quizás incluso producir gas nosotros mismos". Sin embargo, investigaciones recientes indican que Alemania ya no puede depender de sus propias reservas, ya que los yacimientos antes productivos están prácticamente agotados.
La economía alemana, que depende casi por completo de las importaciones de energía, se ha visto expuesta a costes más elevados y perturbaciones en el suministro desde que abandonó el gas ruso, que antes representaba el 55% de su consumo. Esta situación ha provocado que la economía se contraiga de forma constante y ha aumentado la presión sobre el núcleo industrial del país, donde empresas como BASF en Ludwigshafen ya han tenido que subir precios debido al aumento de los costes energéticos.
Esta declaración de Merz contrasta con su postura anterior de este mes, en la que descartó un retorno a la energía nuclear a pesar de las crecientes llamadas de Bruselas para nuevas inversiones en este sector. Alemania desconectó su último reactor nuclear en 2023, culminando un proceso de eliminación que se aceleró tras el accidente de Fukushima, lo que ha dejado al país más dependiente de fuentes de energía volátiles y costosas.