Hernán González G.: Aprender a morir
Tres gritos ciudadanos: “Hace más de 60 años (yo tenía 13 entonces), mi padre falleció después de una larguísima agonía, enfermo de cáncer gástrico. No teníamos ningún apoyo ni privado ni de gobierno y mi pobre madre tuvo que sufrir todo ese tiempo, a la vez que convertirse en costurera improvisada para sobrevivir. En casi año y medio de desahucio paterno, los últimos tres meses fueron terribles. Presa de dolores extremos, mi padre suplicaba a mi vieja que por favor pusiera fin al sufrimiento de alguna manera, algo que mi madre no sería capaz de hacer. Los curas, similares y conexos, sólo se limitan, cual burócratas, a repetir el absurdo de que sólo Dios puede quitar la vida que otorgó, pero no dicen cómo ni cuándo en circunstancias similares a mi caso. Siga adelante, le juro que habrá miles que no tienen por qué sufrir lo que mis pobres padres sufrieron”.