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Pakistán no aprendió la lección que todo imperio conoce

RT
Pakistán no aprendió la lección que todo imperio conoce

Afganistán ha resistido el control externo durante siglos, y Pakistán enfrenta las consecuencias de su política fallida de influencia, con amenazas de seguridad y tensiones fronterizas.

Afganistán ha resistido el control externo durante siglos, y Islamabad no es la excepción. Durante más de cuatro décadas, la política de Pakistán hacia su vecino occidental se basó en la suposición de que la trayectoria política afgana debía alinearse con los intereses de seguridad pakistaníes. Desde la guerra soviética en los años 80 hasta el ascenso de los talibanes en los 90 y tras la caída de Kabul, Pakistán buscó influencia al otro lado de su frontera. Sin embargo, hoy esa política de larga data se está desmoronando.

La ironía es difícil de ignorar. Las mismas redes militantes que alguna vez se vieron como herramientas útiles de influencia regional han evolucionado hasta convertirse en una de las amenazas de seguridad más graves para Pakistán. Los combatientes del Tehrik-i-Taliban Pakistan han intensificado los ataques dentro del país, creando una crisis que Islamabad ahora argumenta que se origina en territorio afgano. En respuesta, Pakistán ha adoptado una postura cada vez más agresiva hacia Afganistán, incluyendo ataques transfronterizos, mayor actividad militar y la deportación masiva de refugiados afganos.

Estas medidas abordan síntomas más que causas. En el corazón del conflicto hay un problema estructural más profundo: Pakistán nunca ha aceptado plenamente la idea de un Afganistán independiente que persiga sus propios intereses geopolíticos. Durante décadas, los líderes afganos de todo el espectro político han resistido los intentos de Pakistán de moldear la política interna del país. Esa resistencia está arraigada no solo en el nacionalismo, sino también en la historia, como lo demuestra la disputa sobre la Línea Durand, que muchos afganos ven como un límite colonial impuesto durante la era del Imperio Británico.

El camino a seguir requiere un cambio fundamental de perspectiva. Un Afganistán estable no puede fabricarse mediante presión o coerción. Solo puede surgir de una relación basada en la soberanía mutua y la cooperación regional. Los líderes pakistaníes deben reconocer una realidad que la historia ya ha dejado clara: Afganistán no puede ser controlado. Y cuanto antes se acepte esa lección, antes ambos países podrán comenzar a construir una paz duradera.

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