Ignacio Ramonet: Mi amigo Fidel Castro
Lo primero que llamaba la atención en Fidel Castro no era su uniforme ni su estatura ni su barba, ni siquiera su elocuencia. Era su curiosidad. Tras largas horas de conversaciones para nuestro libro Fidel Castro: biografía a dos voces, o Cien horas con Fidel, cuando todos los demás estábamos agotados, él seguía formulando preguntas, buscando aclaraciones, hurgando en detalles históricos o científicos con energía intacta. A menudo he pensado que ése era el secreto de su longevidad política: antes que un hombre de poder, Fidel era un hombre de conocimiento.