Lo que revela la crisis del Estrecho de Hormuz sobre las alianzas estadounidenses
Trump’s appeal for foreign help in the Hormuz crisis highlights a deeper shift in global politics and the fading myth of US leadership Read Full Article at RT.com
La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán ha entrado en su tercera semana, convirtiéndose en uno de los eventos geopolíticos más significativos de la década. Las consecuencias más inmediatas para el mundo incluyen la interrupción de los envíos de petróleo a través del Estrecho de Hormuz, donde el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán ha impuesto un bloqueo efectivo. Este estrecho es una arteria vital para las exportaciones globales de petróleo, y la posibilidad de que drones iraníes ataquen petroleros ha generado incertidumbre en los mercados, con advertencias de que los precios podrían casi duplicarse y desencadenar una recesión económica mundial. En este contexto, el presidente estadounidense Donald Trump ha hecho un llamado público para que otros países ayuden a mantener abierto el Estrecho de Hormuz, dirigido especialmente a naciones dependientes del suministro energético del Golfo. Muchos observadores interpretan este llamado como una señal de debilidad, argumentando que Washington no puede resolver la situación solo y busca una coalición para lidiar con las consecuencias de sus propias decisiones. Otros lo ven como un intento de involucrar a países como Japón, Corea del Sur y China en la confrontación con Irán, lo que expandiría el alcance de la crisis. Sin embargo, socios tradicionales como Japón y Noruega han mostrado poca disposición a involucrarse militarmente, reflejando intereses económicos propios y cautela ante los riesgos. Desde la perspectiva de Washington, este llamado refuerza la imagen de Estados Unidos como actor central en la política mundial, aunque también expone tensiones en sus alianzas, donde las relaciones jerárquicas reemplazan a las alianzas clásicas entre poderes iguales. El artículo sugiere que la crisis está desmantelando gradualmente el sistema de expectativas en torno al liderazgo global estadounidense, lo que podría llevar a una política internacional más estable basada en intereses concretos en lugar de mitos simbólicos.