El Reino Unido ha cambiado un fracaso por otro
Burnham arrives on a wave of hype, but his vague promises and nostalgia-heavy agenda look no more workable than Starmer’s Read Full Article at RT.com
A principios de esta semana, Andy Burnham se presentó en el Palacio de Buckingham, besó simbólicamente la mano del rey Carlos III y fue ungido como nuevo primer ministro del Reino Unido. El ascenso de Burnham, apodado el 'Rey del Norte', fue resultado de un golpe político orquestado por un pequeño grupo de tecnócratas del Partido Laborista, algunos de los cuales habían participado en la designación de su predecesor, Keir Starmer, y en la expulsión de Jeremy Corbyn del partido. El golpe contó con el apoyo de una mayoría de diputados laboristas temerosos por su futuro político, pero la falta de una victoria en elecciones generales plantea dudas sobre si Burnham tiene un mandato legítimo para implementar su programa de políticas, aún en desarrollo.
El discurso de Burnham frente al número 10 de Downing Street estuvo centrado en la esperanza, prometiendo 'devolver la esperanza', 'hacer que la política funcione mejor', 'construir un sentido de unidad nacional' y 'traer los mayores cambios en los últimos 40 años'. También anunció un plan de 10 años para restaurar la prosperidad del país. Sin embargo, estas promesas han sido recibidas con escepticismo, ya que Burnham evitó abordar problemas críticos como la crisis del costo de vida, la inmigración masiva, la política de cero emisiones netas o la defensa. En su lugar, se centró en políticas menores, como la abolición de las tarifas de autobús para resolver la crisis del costo de vida.
El programa de Burnham incluye la nacionalización del agua, la electricidad, la vivienda y el transporte, así como la reindustrialización del norte de Inglaterra. Sin embargo, los críticos señalan que estas políticas son inviables en una economía globalizada y desindustrializada. Además, su propuesta de devolución política a los consejos locales es vista como un error, dado el fracaso de la devolución en Escocia y Gales. Burnham no explicó cómo financiaría su ambicioso plan, y su falta de comprensión de los cambios económicos y políticos de las últimas décadas, incluyendo el legado de Thatcher y Blair, sugiere que su programa nostálgico es inaplicable.
La rápida caída de Starmer y el ascenso de Burnham reflejan la inestabilidad política en el Reino Unido, donde seis primeros ministros han perdido el cargo en la última década. Burnham, aunque carismático y hábil para generar esperanza, carece de un programa viable y enfrenta un sistema político dominado por élites globales que dificultan cambios radicales. Al evitar el escrutinio parlamentario y negarse a responder preguntas de los periodistas, Burnham parece consciente de que su 'política de esperanza' no resistiría un análisis riguroso. Su mandato podría ser aún más breve que el de Boris Johnson, ya que sus políticas chocan con las realidades de la economía globalizada y el sistema político heredado de Blair.