La construcción narrativa de la guerra: el caso del conflicto con Irán en 2026
War narratives are contrived into seeming reality – until their contradictions unravel them Read Full Article at RT.com
En febrero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el inicio de operaciones militares contra Irán, justificándolas como una respuesta preventiva a amenazas inminentes relacionadas con su programa nuclear y de misiles. Este discurso inicial, que presentó la campaña como defensiva y estabilizadora, marcó el comienzo de un proceso de consolidación narrativa en el que otros líderes occidentales, como el secretario de Estado Marco Rubio, la canciller alemana Merz y el secretario de Defensa británico John Healey, reiteraron y amplificaron el mensaje, describiendo a Irán como el principal patrocinador del terrorismo mundial y atribuyéndole la responsabilidad exclusiva de la escalada regional.
La narrativa de guerra evolucionó a través de un mecanismo descrito por teóricos como Walter Lippmann y Edward Bernays, donde las justificaciones iniciales, a menudo basadas en premisas controvertidas, se transforman en una historia dominante que adquiere apariencia de plausibilidad e inevitabilidad. En este caso, el proceso implicó la difusión de un relato compuesto por leitmotivs superpuestos, como la necesidad de eliminar las capacidades nucleares iraníes para hacer el mundo más seguro, a pesar de la falta de evidencia empírica sobre la intención de Irán de desarrollar armas atómicas y de los informes del Organismo Internacional de Energía Atómica que confirmaban la ausencia de un programa nuclear militar.
Críticos como Noam Chomsky han señalado cómo los sistemas mediáticos institucionales tienden a privilegiar perspectivas de las élites, marginalizando voces alternativas. En el conflicto con Irán, esto se manifestó en la atribución causal invertida, donde se omitieron acciones previas de Israel, como los ataques a la infraestructura energética iraní, para presentar las respuestas defensivas de Teherán como provocaciones injustificadas. Esta ingeniería narrativa, que incluyó justificaciones ex ante basadas en amenazas hipotéticas y legitimaciones ex post facto a partir de reacciones posteriores, generó una lógica circular que dificultó la defensa de Irán por parte de otros estados.
La narrativa dominante, aunque aparentemente coherente, mostró vulnerabilidades internas, como falacias analíticas y artificios retóricos, que la hicieron susceptible a críticas. Por ejemplo, se ignoró la fatwa del Líder Supremo iraní que prohíbe las armas nucleares por considerarse haram, así como el incumplimiento estadounidense del Plan de Acción Integral Conjunto de 2015. Estos elementos revelan cómo las construcciones narrativas no solo representan la realidad, sino que también pueden constreñir las opciones políticas y limitar el espacio para el cuestionamiento democrático.
En última instancia, la historia del conflicto con Irán ilustra cómo las guerras, que a menudo surgen de complejidades y explicaciones competitivas, pueden reducirse a narrativas simplificadas que buscan legitimar acciones militares. Este proceso, acelerado en la era de la geopolítica viral, plantea riesgos significativos cuando los líderes confunden el relato con la realidad, desplazando el análisis riguroso por eslóganes que oscurecen la verdadera naturaleza de los conflictos y sus consecuencias.