El programa Artemis de EE.UU. enfrenta retrasos y replanteamientos en su carrera por regresar a la Luna
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El cohete Space Launch System (SLS) ha sido trasladado nuevamente a la plataforma de lanzamiento para la misión Artemis II, cuyo objetivo es realizar el primer vuelo tripulado del programa Artemis. Esta iniciativa, lanzada durante la primera presidencia de Donald Trump, busca marcar el regreso de astronautas estadounidenses a la Luna después de medio siglo, aunque en esta fase solo se planea un sobrevuelo lunar sin entrar en órbita. Los astronautas viajarán en la nave Orion, desarrollada durante años para misiones en el espacio profundo.
Sin embargo, el programa enfrenta importantes desafíos. Problemas técnicos, como una fuga de helio en la etapa superior del cohete detectada a fines de febrero, obligaron a posponer la ventana de lanzamiento de marzo, reprogramándolo para principios de abril, con posibles nuevos retrasos. Estos contratiempos ilustran la fragilidad de Artemis, un programa que ha sufrido años de subfinanciamiento y cambios de prioridades, afectando su impulso inicial.
Uno de los obstáculos centrales es el módulo de aterrizaje lunar de SpaceX, seleccionado por la NASA en 2021. Este sistema depende del cohete Starship, que hasta marzo de 2026 no ha alcanzado órbita ni una vez, y requiere un complejo proceso de reabastecimiento de combustible en el espacio nunca antes demostrado. Ante estos riesgos, la NASA adjudicó en 2023 un contrato paralelo a Blue Origin para desarrollar el módulo alternativo Blue Moon, más pequeño y con potencial para pruebas no tripuladas este año.
Bajo la administración del nuevo director de la NASA, Jared Isaacman, la estrategia ha cambiado radicalmente. La misión Artemis III, originalmente planeada para un aterrizaje lunar en 2028, ahora se centrará en maniobras de acoplamiento en órbita terrestre alta, evitando inicialmente la Luna. Además, se han suspendido planes para una versión más potente del SLS y se prioriza la reducción de costos y un mayor ritmo de lanzamientos, aunque la viabilidad de esto último sigue en duda.
Mientras tanto, China avanza con su propio programa lunar, con pruebas no tripuladas este año y el objetivo de un alunizaje humano para 2030, lo que aumenta la presión competitiva. El programa Artemis, aunque mantiene una retórica ambiciosa, muestra un replanteamiento pragmático frente a plazos ajustados y tecnologías no probadas, planteando la pregunta de si EE.UU. podrá llegar a la Luna antes que su rival en esta nueva carrera espacial.