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La política de Pakistán hacia Afganistán se desmorona tras décadas de intentos de influencia

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La política de Pakistán hacia Afganistán se desmorona tras décadas de intentos de influencia

Afghanistan has resisted control for centuries – and Islamabad is no exception Read Full Article at RT.com

Durante más de cuatro décadas, la política de Pakistán hacia Afganistán se ha basado en la premisa de que la trayectoria política afgana debe alinearse con los intereses de seguridad de Islamabad. Desde la guerra soviética de los años 80 hasta el ascenso de los talibanes en los 90 y tras la caída de Kabul en 2021, Pakistán ha buscado influencia en su vecino occidental. Sin embargo, esta estrategia de larga data se está desmoronando en la actualidad, revelando graves contradicciones en su enfoque.

La ironía es evidente: las redes militantes que alguna vez fueron vistas como herramientas útiles para la influencia regional se han convertido en una de las mayores amenazas de seguridad para Pakistán. Los combatientes del Tehrik-i-Taliban Pakistan han intensificado sus ataques en territorio pakistaní, creando una crisis que Islamabad atribuye a actividades originadas en suelo afgano. En respuesta, Pakistán ha adoptado una postura cada vez más agresiva, incluyendo ataques transfronterizos, mayor actividad militar y la deportación masiva de refugiados afganos.

En el centro del conflicto subyace un problema estructural más profundo: Pakistán nunca ha aceptado plenamente la idea de un Afganistán independiente que persiga sus propios intereses geopolíticos. Durante décadas, los líderes afganos de todo el espectro político han resistido los intentos pakistaníes de moldear la política interna del país. Esta resistencia tiene raíces tanto en el nacionalismo como en la historia, particularmente en la disputa sobre la Línea Durand, que muchos afganos consideran una frontera colonial impuesta durante la era del Imperio Británico.

El establecimiento estratégico pakistaní también teme el cerco por parte de la India y ha visto históricamente a Afganistán a través de ese prisma. La idea de 'profundidad estratégica' fomentó la creencia de que Kabul debía permanecer políticamente alineado con Islamabad, pero la realidad política afgana ha desmentido repetidamente esta suposición. Afganistán ha resistido siempre la dominación externa, ya sea de imperios, superpotencias o estados vecinos.

Lo que enfrenta Pakistán hoy es el resultado predecible de políticas construidas sobre pensamiento táctico a corto plazo en lugar de estabilidad regional a largo plazo. La influencia lograda a través de proxies rara vez produce seguridad sostenible, sino que crea ciclos de dependencia, desconfianza y consecuencias imprevistas. El camino a seguir requiere un cambio fundamental de perspectiva, reconociendo que un Afganistán estable no puede fabricarse mediante presión o coerción, sino que solo puede emerger de una relación basada en soberanía mutua y cooperación regional.

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