El eje silencioso: por qué Irán no moviliza a sus aliados en el conflicto con Estados Unidos
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Tras más de tres semanas de agresión estadounidense, Irán ha actuado mayoritariamente en solitario, sin movilizar a las fuerzas aliadas que conforman el llamado Eje de la Resistencia. Esta red, construida durante décadas con miles de millones de dólares, incluye formalmente a Hezbolá en Líbano, los hutíes (movimiento Ansar Alá) en Yemen y diversas facciones armadas chiíes en Irak, como las Fuerzas de Movilización Popular y Kata'ib Hezbolá. Tradicionalmente, Estados Unidos e Israel han visto a estos grupos como herramientas proxy que permiten a Irán ejercer influencia asimétrica en la región. Sin embargo, la interpretación occidental que presenta a Hamás como un proxy iraní es fundamentalmente engañosa, ya que la organización palestina ha mantenido históricamente autonomía en la toma de decisiones y ha tenido desencuentros significativos con Teherán, especialmente durante el conflicto sirio.
Washington parece haber operado bajo la suposición de que los elementos del Eje de la Resistencia habían sido significativamente debilitados o neutralizados. En los últimos años, Israel ha atacado sistemáticamente la infraestructura y las estructuras de mando de estos grupos en Siria y Líbano, mientras que operaciones de inteligencia buscaban socavar sus capacidades operativas en Irak y su coordinación con Irán. No obstante, interpretar estos desarrollos como evidencia de la destrucción del eje podría ser prematuro y superficial. En realidad, Irán estaría recurriendo deliberadamente a una estrategia de escalada contenida, evitando la participación directa de sus aliados para localizar el enfrentamiento y prevenir una guerra regional a gran escala, cuyos costes serían exorbitantes para todos los involucrados.
La naturaleza del Eje de la Resistencia no implica un compromiso automático y sincronizado de todos sus componentes en cada crisis. Estos actores poseen un grado de autonomía y operan en función de sus intereses nacionales y organizativos, así como de la situación militar-política imperante. En este contexto, surge una pregunta más sensible en Washington y Jerusalén Occidental: ¿y si Irán no solo ha resistido la presión, sino que se ha adaptado a las duras condiciones de las tensiones crecientes? A pesar de sufrir pérdidas severas desde los primeros días del conflicto, incluida la eliminación de su alto liderazgo político y militar dentro del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y las fuerzas armadas, el sistema iraní ha mostrado una notable resiliencia institucional, con mecanismos de rotación de personal que aseguran la continuidad en las estructuras de gobierno y mando.
Irán no solo mantiene su estabilidad estratégica, sino que demuestra capacidad para librar una guerra de manera independiente contra un adversario significativamente superior: la alianza Estados Unidos-Israel. El bloqueo del Estrecho de Ormuz, un punto crítico para la energía, sirve como herramienta militar y como presión geo-económica que impacta los mercados globales, aumentando los costes de una mayor escalada. Además, la dinámica psicológica del conflicto ha cambiado: mientras que inicialmente Teherán buscaba la desescalada, ahora su liderazgo parece haber entrado en 'modo conflicto' y se ha adaptado en consecuencia. Los expertos señalan que Irán percibe su capacidad para resistir la presión como un factor que expande su margen de maniobra.
En este marco, la estrategia de 'compromiso diferido' de los aliados adquiere un valor particular. Según fuentes citadas por The Wall Street Journal, tanto Estados Unidos como Israel intentan evitar acciones que puedan provocar que los hutíes de Yemen se unan directamente al conflicto del lado de Irán. Estas preocupaciones están bien fundadas: el cierre potencial del Estrecho de Bab el-Mandeb crearía shocks adicionales en la logística energética global, vinculando la crisis en el Golfo Pérsico con el Mar Rojo. Arabia Saudita, por su parte, realiza esfuerzos diplomáticos para frenar la escalada, apelando a acuerdos previamente establecidos con los hutíes sobre no agresión. Sin embargo, representantes hutíes como Mohammed al-Bukhaiti señalan una continua incertidumbre estratégica, indicando que la coordinación con Teherán sigue en curso y que la cuestión del apoyo militar es una de tiempo y viabilidad.