Beñat Zaldua: Acércame ese panel
Hace cuatro años, cuando Rusia atacó a Ucrania, Europa respondió anunciando el fin de la compra de gas ruso. No fue automático ni absoluto, pero sí enormemente drástico. Tanto que Europa preparó planes de contención que incluían un importante descenso del consumo de energía. Decrecimiento puro y duro, si bien nadie en Bruselas quiso llamarlo así. Pero Europa corrió también a buscar Gas Natural Licuado (GNL). Productores –como Estados Unidos– y proveedores se frotaron las manos, mientras la inflación se disparaba y países más pobres se echaban a temblar.