Carlos Fazio: Trump, Netanyahu y las sillas vacías
La semana pasada, la Asamblea General de la ONU, que por definición debería ser el foro por excelencia de la diplomacia y la convivencia entre Estados regulada por acuerdos y el derecho internacional consuetudinario, se convirtió en otro escenario de la guerra cognitiva y la necropolítica, encarnada en Donald Trump, el jactancioso magnicida confeso del ayatollah Alí Jamenei y otros delitos de lesa humanidad, y Benjamin Netanyahu, el carnicero de Gaza, prófugo de la Corte Penal Internacional, quien utilizó la tribuna para blanquear sus crímenes y realizar un acto de campaña de su partido, Likud, de cara a las elecciones parlamentarias del 27 de octubre en Israel.
La semana pasada, la Asamblea General de la ONU, que por definición debería ser el foro por excelencia de la diplomacia y la convivencia entre Estados regulada por acuerdos y el derecho internacional consuetudinario, se convirtió en otro escenario de la guerra cognitiva y la necropolítica, encarnada en Donald Trump, el jactancioso magnicida confeso del ayatollah Alí Jamenei y otros delitos de lesa humanidad, y Benjamin Netanyahu, el carnicero de Gaza, prófugo de la Corte Penal Internacional, quien utilizó la tribuna para blanquear sus crímenes y realizar un acto de campaña de su partido, Likud, de cara a las elecciones parlamentarias del 27 de octubre en Israel.