Pedro Miguel: Del descontento al linchamiento
En toda organización, cuando hay más aspirantes que posiciones, los procesos de selección de personas para funciones determinadas dejan frustraciones e inconformidades. Las que no logran ser seleccionadas pueden acatar las reglas, no dejarse dominar por emociones y dar vuelta a la página, pero puede ocurrir también que escalen su decepción hasta racionalizarla como producto de una trampa, o bien, conducirla hacia la enemistad personal e incluso a la ruptura con la organización en cuestión. Eso pasa cuando se constituye un nuevo equipo de trabajo –un gabinete, por ejemplo– en un gobierno o cuando un partido político transita por el proceso de definición de cargos de dirigencia, precandidaturas y candidaturas. Ello ocurre independientemente de que los mecanismos de selección son arbitrarios, opacos y cupulares, que se recurra a elecciones primarias o que se pongan en práctica modelos complejos, como es el caso de Morena.
En toda organización, cuando hay más aspirantes que posiciones, los procesos de selección de personas para funciones determinadas dejan frustraciones e inconformidades. Las que no logran ser seleccionadas pueden acatar las reglas, no dejarse dominar por emociones y dar vuelta a la página, pero puede ocurrir también que escalen su decepción hasta racionalizarla como producto de una trampa, o bien, conducirla hacia la enemistad personal e incluso a la ruptura con la organización en cuestión. Eso pasa cuando se constituye un nuevo equipo de trabajo –un gabinete, por ejemplo– en un gobierno o cuando un partido político transita por el proceso de definición de cargos de dirigencia, precandidaturas y candidaturas. Ello ocurre independientemente de que los mecanismos de selección son arbitrarios, opacos y cupulares, que se recurra a elecciones primarias o que se pongan en práctica modelos complejos, como es el caso de Morena.