Cristina Rivera Garza: Timbre
Ala arquitectura contemporánea y al diseño urbano reciente les ha interesado mucho la luz, dice el periodista Sam Bloch, pero no les han puesto suficiente atención a las sombras. En Shade: The Promise of a Forgotten Natural Resource, publicado hace apenas un año, Bloch argumenta que lejos de ser un asunto menor o meramente decorativo, las sombras constituyen elementos esenciales de nuestra infraestructura más básica. Una ciudad sin sombras apropiadas constriñe la frescura, el oxígeno y hasta la vida pública. En tiempos de cambio climático, la ausencia de sombras acelera las altas temperaturas, contribuye a la creación de lo que él llama “desierto de sombras”, una condición que ataca sobre todo a barrios precarios con poca o nula protección contra los rayos del sol, y esencialmente perpetúa la desigual termal de la ciudad capitalista de hoy. La privatización rampante de las sombras se manifiesta con claridad cuando, por ejemplo, tenemos que pagar para sentarnos en un café-patio y poder así gozar de la frescura que produce la sombra –un recurso que tendría que ser de acceso común.
Ala arquitectura contemporánea y al diseño urbano reciente les ha interesado mucho la luz, dice el periodista Sam Bloch, pero no les han puesto suficiente atención a las sombras. En Shade: The Promise of a Forgotten Natural Resource, publicado hace apenas un año, Bloch argumenta que lejos de ser un asunto menor o meramente decorativo, las sombras constituyen elementos esenciales de nuestra infraestructura más básica. Una ciudad sin sombras apropiadas constriñe la frescura, el oxígeno y hasta la vida pública. En tiempos de cambio climático, la ausencia de sombras acelera las altas temperaturas, contribuye a la creación de lo que él llama “desierto de sombras”, una condición que ataca sobre todo a barrios precarios con poca o nula protección contra los rayos del sol, y esencialmente perpetúa la desigual termal de la ciudad capitalista de hoy. La privatización rampante de las sombras se manifiesta con claridad cuando, por ejemplo, tenemos que pagar para sentarnos en un café-patio y poder así gozar de la frescura que produce la sombra –un recurso que tendría que ser de acceso común.