Hugo Aboites*: Ser estudiante en la UAM-Xochimilco
Los hombres y mujeres jóvenes con quienes trabajamos en su formación en la UAM-X son, para empezar, los aspirantes que más dificultad tuvieron para ser admitidos. Porque en esta unidad hasta 89.4 por ciento de los 34 mil solicitantes son rechazados, mientras todos los demás planteles –como Iztapalapa, con 63.9 por ciento de rechazados– son más accesibles. Pero, además, como ocurre también en otras unidades, una significativa proporción de estudiantes desarrolla su formación con profesores precarios. Es decir, académicos con maestría y hasta doctorado, pero con plazas de medio tiempo, concursos y contratos de tres meses, y sueldos de 10 mil pesos mensuales, mientras la universidad usufructúa los recursos de cientos de plazas (un millón y medio cada una) que Hacienda aporta religiosamente. Agobiados, angustiados y sobrexplotados, son estos profesores y profesoras los que por su convicción de docentes se esfuerzan lo mejor que pueden para ofrecer una formación integral a las y los estudiantes y para su esperanza de obtener algún día una plaza definitiva. Son condiciones degradantes y poco propicias para la formación de los alumnos.
Los hombres y mujeres jóvenes con quienes trabajamos en su formación en la UAM-X son, para empezar, los aspirantes que más dificultad tuvieron para ser admitidos. Porque en esta unidad hasta 89.4 por ciento de los 34 mil solicitantes son rechazados, mientras todos los demás planteles –como Iztapalapa, con 63.9 por ciento de rechazados– son más accesibles. Pero, además, como ocurre también en otras unidades, una significativa proporción de estudiantes desarrolla su formación con profesores precarios. Es decir, académicos con maestría y hasta doctorado, pero con plazas de medio tiempo, concursos y contratos de tres meses, y sueldos de 10 mil pesos mensuales, mientras la universidad usufructúa los recursos de cientos de plazas (un millón y medio cada una) que Hacienda aporta religiosamente. Agobiados, angustiados y sobrexplotados, son estos profesores y profesoras los que por su convicción de docentes se esfuerzan lo mejor que pueden para ofrecer una formación integral a las y los estudiantes y para su esperanza de obtener algún día una plaza definitiva. Son condiciones degradantes y poco propicias para la formación de los alumnos.